QUÍMICA DE HETEROCICLOS
Uno de los objetivos prioritarios es el desarrollo de nuevos tipos de sensores químicos que sean capaces de detectar de forma rápida y efectiva la presencia de analitos (de interés tanto por su implicación en procesos biológicos o clínicos como por ser agentes contaminantes del medioambiente).
Investigador principal:
Pedro Molina Buendía
Segundo investigador responsable:
Alberto Tárraga Tomás
Clasificación unesco:
2306.10
Área de conocimiento:
Química orgánica
Componentes:
Amparo Velasco López de los Mozos > Antonio Arques Adame > Arturo Espinosa Ferao >David Curiel Casado > Pilar Martínez Fresneda
Los complejos de iones metálicos desempeñan un papel esencial en muchos sistemas biológicos. Así, es perfectamente conocido que la presencia en el organismo de, por ejemplo, iones sodio, potasio magnesio, calcio, zinc, etc. es esencial para el ser humano. Por otra parte, algunos cationes metálicos, como los iones de metales pesados, tales como plomo, mercurio, cadmio, etc., también juegan un papel muy importante en el medio ambiente debido a su elevada toxicidad, puesto que su acumulación en suelos o en el agua permite su fácil incorporación a plantas y peces y, por consiguiente, a la cadena alimentaria. Como consecuencia, esto provoca su acumulación en el cuerpo humano, en dosis perniciosas para la salud, por lo que su detección y eliminación del medio ambiente también constituye un área de investigación de gran interés social.
Por otra parte, los aniones también son especies esenciales para el mantenimiento de la vida. Podemos afirmar, sin que ello suponga exageración alguna, que en casi todos los procesos bioquímicos está involucrado, en alguna medida, el reconocimiento, transporte o transformación de algunos tipos de aniones. Además, al igual que ocurre en el caso de los cationes metálicos, otros tipos de aniones se comportan como agentes contaminantes del medioambiente y, por ende, perjudiciales para la especie humana.
Uno de los objetivos de interés prioritario, dentro de este grupo de investigación lo constituye el desarrollo de nuevos tipos de sensores químicos o especies que sean capaces de detectar de forma selectiva, rápida, fácil y efectiva, la presencia de estos tipos de sustratos o analitos, de naturaleza catiónica, aniónica o neutra, que posean interés tanto por su implicación en procesos biológicos o clínicos como por ser agentes contaminantes del medioambiente.
El proceso de reconocimiento del analito por las nuevas moléculas receptoras, diseñadas para ejercer el papel de sensores de esos analitos, sólo podrá conseguirse si el receptor en cuestión cumple los principios de complementariedad con el sustrato y de preorganización de su estructura de modo que los centros enlazantes queden en disposición adecuada para que la unión receptor-sustrato sea lo más efectiva posible. En otras palabras, para que se produzca el enlace efectivo entre las dos especies, receptor y sustrato, es preciso que el centro de enlace del receptor por el que se va a unir al sustrato sea complementario en tamaño y forma a éste. Además, para conseguir esa máxima complementariedad, y que la consiguiente unión receptor-sustrato sea lo más estable posible, el receptor no ha de sufrir ningún cambio conformacional en su estructura o, al menos, que éste sea mínimo. Obsérvese, de forma gráfica en el Esquema 1, la selectividad en el reconocimiento de un solo analito, en presencia de varios, debido a la complementariedad entre la unidad de reconocimiento y ese analito o sustrato.
Dentro de este contexto general es donde se enmarca el trabajo desarrollado por este equipo de investigación que, por otra parte, podemos establecer que ha de realizarse en tres etapas perfectamente diferenciadas.
En la primera etapa, se aborda el diseño de la molécula del sensor químico o receptor sintético a preparar, teniendo en cuenta que éste ha de estar constituido por dos tipos de unidades: una, responsable del reconocimiento del sustrato o analito (unidad de reconocimiento) y otra (unidad de señalización o antena) responsable de indicar o señalizar, mediante el cambio de alguna propiedad, perfectamente observable (cambio de color, fluorescencia, potencial redox, etc.), que el fenómeno de reconocimiento ha tenido lugar (véase esquema 1). Una vez, elegidas las subunidades de reconocimiento y señalización con características adecuadas para la consecución de un objetivo determinado, se procede a la síntesis del sensor concreto mediante la unión covalente de esas subunidades a través de la aplicación de las metodologías de síntesis apropiadas y de los reactivos adecuados. En algunos casos, la misma unidad de reconocimiento presenta propiedades específicas que también le permiten actuar, de forma simultánea, como unidad de señalización.
Las unidades de reconocimiento elegidas para la detección de iones metálicos, especialmente cationes de metales pesados, tienen como característica común la existencia de un átomo de nitrógeno, capaz de coordinarse a esos iones metálicos, y que pertenece a distintos tipos de subunidades de tipo azadieno, azina o azaheterociclos de distinta naturaleza. Sin embargo, como centros para el reconocimiento de aniones se han utilizado los grupos NH presentes en agrupaciones de tipo urea, tiourea, guanidina, imidazol, etc.
En cuanto a las unidades de señalización más comúnmente empleadas en este trabajo destacan la unidad de ferroceno, debido a su conocido carácter redox, y pireno o antraceno, por sus propiedades fluorescentes. La confirmación de que la síntesis ha conducido a la estructura diseñada de forma correcta se lleva a cabo mediante la utilización de las técnicas espectroscópicas convencionales para la determinación estructural (resonancia magnética nuclear, espectrometría de masas, etc.).
Una vez diseñadas y sintetizadas estas moléculas, se aborda, en una segunda etapa del trabajo, el estudio de la eficacia del sensor, en disolución, mediante la determinación de su selectividad frente a un determinado analito en presencia de otros, con la consiguiente medida de la constante de asociación receptor-sustrato (Kas) y de la estequiometría, o relación receptor/sustrato, con que se produce el proceso de reconocimiento. Por otra parte, se determina también la sensibilidad con que el sensor detecta al analito, a través de la medida del límite de detección, entendido éste como la concentración mínima de sustrato o analito que puede detectarse con ese receptor.
Si los resultados obtenidos en las etapas anteriores son adecuados, se aborda, en una última etapa, la fabricación de un dispositivo, que sea fácilmente manejable, mediante el anclaje del sensor molecular en soportes sólidos de distinta naturaleza (celulosa, silíceos, policarbonatos, beta-ciclodextrinas…).
Actualmente el grupo tiene una patente en vigor sobre un “procedimiento para la funcionalización de un sustrato, sustrato funcionarizado y dispositivo que lo contiene”.