Número 23
¿El edén de los neandertales?

Una investigación del grupo ECCE HOMO (Evolución, Cenozoico, Cuaternario, Ecología) de la Universidad de Murcia, liderado por el profesor José Carrión, ha permitido realizar una reconstrucción de la flora y vegetación asociadas a los habitantes neandertales de la Cueva del Bolomor, situada en el Valle de la Valldigna, junto al Macizo del Mondúver y el Mar Mediterráneo, en la provincia de Valencia.

 

El resultado de este trabajo, publicado en la revista Quaternary Science Reviews rompe con la visión tradicional de que los neandertales vivían preferentemente en ambientes esteparios y fríos. “Ya los hallazgos paleobotánicos en Gibraltar apuntaban a la conexión entre ecosistemas sabanoides y neandertales, al igual que sucede en el contexto africano con otras especies de homininos ya extintas. Esto confirma que las estrategias de caza al acecho y por emboscada debieron ser habituales entre los neandertales. No en vano, se ha demostrado que eran grandes velocistas en espacios cortos. Es también crucial el dato de que disponían de una elevada variedad de recursos vegetales para la alimentación, el camuflaje y la supervivencia, amén de material leñoso para la calefacción y la manufactura de utensilios”, señala José Carrión.

 

El trabajo analítico se basa en parte de la tesis doctoral de Juan Ochando, miembro del citado grupo multidisciplinar, en el que también intervienen María Victoria Sánchez Giner, decana de la Facultad de Bellas Artes y varios profesores de la UMU, además de contar con la colaboración científica de investigadores y expertos de otras universidades e instituciones españolas y extranjeras.

 

Juan Ochando explica que “una de las implicaciones antropológicas es que había un buen número de especies vegetales comestibles en los alrededores, como el avellano, el almez, el algarrobo, el castaño o el madroño. Muy relevante también es el hecho de que los neandertales locales vivieran en un ambiente forestal que se mantuvo prácticamente inalterado desde hace unos 350.000 hasta unos 100.000 años antes del presente”.

 

Proyecto paleoartístico del Pleistoceno

El proyecto de reconstrucción ecológica y florística ha dado lugar a un trabajo paleoartístico llevado a cabo por Gabriela Amorós Seller, autora de las ilustraciones, en el marco de su tesis doctoral y en un contexto multidisciplinar e internacional, quien destaca que “en la definición pictórica, debíamos mostrar que allí cohabitaban especies que hoy son consideradas típicamente mediterráneas con otras más propias de territorios templados húmedos, incluso fríos y áridos, además de otras que ya no se encuentran en la Región y se pueden considerar relictas. También se constata la existencia de especies sobre cuyo carácter autóctono en la Península Ibérica ha habido discusiones en el terreno de la biogeografía. Es el caso del algarrobo, el almez o el pino marítimo o resinero".

 

La reconstrucción artística del Pleistoceno Medio de Bolomor muestra evidencias zoológicas de que hubo un elevado consumo de tortugas, así como de otros mamíferos pequeños como conejos y liebres, aves (sobre todo patos), peces (salmón) y ocasionalmente presas más grandes como el ciervo, el caballo, el uro, jabalí, elefante, rinoceronte o hipopótamo. También se trata de un yacimiento paleolítico muy conocido por la antigüedad en el uso del fuego y por los restos líticos y óseos encontrados del hombre de Neandertal.

 

Victoria Sánchez Giner, decana de la Facultad de Bellas Artes, profesora y artista dedicada al paisaje, ha señalado que “gracias a las evidencias científicas a partir de los restos fósiles estamos tratando de recrear el paisaje de hace millones, centenares y decenas de miles de años mediante la colaboración multidisciplinar que estamos desarrollando en el grupo ECCE HOMO. A través de las imágenes, la ciencia se hace más visible y democrática, acercándose a la sociedad de una forma más comprensible y directa”.

 

Lo definitorio de esta situación paleopaisajística, -explica Carrión- podría sintetizarse con las palabras Bosque, Diversidad, Complejidad y Refugio. Según Ochando, “esta última haría referencia a la escasa variabilidad observada en los espectros polínicos que sugieren la permanencia de un sistema forestal biodiverso durante decenas de miles de años, sin duda como consecuencia de que los cambios climáticos no fueron tan marcados como en el norte de Europa, pero fundamentalmente por la resiliencia de los ecosistemas forestales complejos ricos en especies vegetales, sobre todo leñosas”.

 

El equipo de investigación está ahora tratando de desarrollar trabajos similares en otros yacimientos como las cuevas de los neandertales gibraltareños (Gorham´s, Vanguard), Carihuela en Granada, Sima de las Palomas en Murcia, Atapuerca y la Cuenca de Guadix-Baza, en relación con los primeros homininos de Eurasia occidental.

 

 

Proyecto de investigación realizado por el grupo ECCE HOMO (Evolución, Cenozoico, Cuaternario, Ecología) de la Universidad de Murcia, está liderado por el catedrático José Carrión y basado, en parte, en la tesis doctoral de Juan Ochando. También intervienen María Victoria Sánchez Giner (Decana de la Facultad de Bellas Artes) y Gabriela Amorós Seller, quien ha desarrollado un trabajo paleoartístico en el marco de su tesis doctoral y en un contexto multidisciplinar e internacional.

Excavaciones en la Cueva del Bolomor
José Carrión al microscopio, identificando microfósiles
Grano de polen fósil de avellano
Gabriela Amorós en la puerta de la Facultad de Biología de la Universidad de Murcia
Reconstrucción artística del paisaje vegetal de Bolomor durante el Pleistoceno Medio. Detalle de los alrededores de la cueva. Por Gabriela Amorós