Entrevista
a Elena García
Armada

Elena García Armada, ingeniera y doctora en robótica lidera el grupo de investigación del Centro de Automática y Robótica del CSIC que ha desarrollado el primer exoesqueleto biónico del mundo capaz de ayudar a andar a niños afectados por enfermedades neuromusculares, parálisis cerebral, espina bífida o lesión medular. Elena García Armada ha recibido múltiples premios por su actividad científica, pero también por su esfuerzo emprendedor y por el impacto social de su investigación. Es la recompensa a una dedicación muy exigente. Durante años, ha dicho, ha sido “una mujer pegada a un portátil”

La investigadora figura en el proyecto Entre Científicas de la Fundación Séneca, que trata de incentivar el conocimiento y las vocaciones hacia los estudios y las profesiones científicas y la ingeniería, especialmente entre las jóvenes

F.S: Décadas de investigación, siete patentes y una empresa MarsiBionics creada para comercializar la tecnología que puede devolver a los niños la capacidad de caminar. ¿Qué falta para que estos equipos pasen del laboratorio a la sociedad?

E.G. La transferencia de los resultados de la investigación a la sociedad es un proceso especialmente complejo cuando se trata de tecnología disruptiva con aplicación en el sector salud, como es el caso de los exoesqueletos. El proceso conlleva la industrialización de los prototipos para cumplir la directiva internacional de dispositivos médicos, su evaluación clínica y finalmente la obtención del marcado CE que autoriza su comercialización en el espacio Europeo. Este proceso requiere tiempo, un equipo cualificado y recursos económicos para poder llevarlo a cabo. Durante 6 años hemos podido avanzar en cada una de estas fases salvando bastantes obstáculos, y en este momento estamos finalizando los ensayos clínicos para solicitar el marcado CE a la Agencia Española del Medicamento y Producto Sanitario. Esperamos el próximo año iniciar la comercialización de los exoesqueletos. Mientras tanto, los pacientes pueden utilizar el exoesqueleto en el marco de la investigación clínica en dos puntos de nuestro país: Hospital Sant Joan de Déu (Barcelona) y MarsiCare (CSIC, Madrid). En el caso de Madrid, se busca la colaboración de fundaciones y empresas para apadrinar a los niños que participan en la investigación y terapia. (www.marsibionics.com/marsi-care/) 

F.S ¿En que puede beneficiar el exoesqueleto biónico a estos niños y cómo evolucionará en un futuro? 

EG. El primer efecto está en la mejora de su calidad de vida, ya que el exoesqueleto permite caminar a niños que han perdido o no han adquirido esa capacidad. Verse capaz de realizar actividades como sus iguales, de pie y caminando, tiene un impacto muy importante en su autoestima y su motivación personal. Adicionalmente, en las enfermedades neuromusculares más graves, como la Atrofia Muscular Espinal (AME), los niños sufren una debilidad muscular progresiva que afecta a todo su cuerpo. Esta debilidad causa la pérdida de la capacidad de caminar y a partir de ese momento su movilidad se consigue gracias a la silla de ruedas. El problema es que la sedestación permanente tiene efectos que agravan su sintomatología, debilitando aún más la musculatura por falta de tonificación, y provocando contracturas articulares, y la temida escoliosis que agrava su disfunción pulmonar y condiciona su esperanza de vida. En estos casos, el exoesqueleto ayuda a mantener y potencialmente mejorar el tono muscular y por tanto retrasar e incluso evitar las complicaciones causadas por la falta de marcha. 

F.S:No siempre el trabajo de investigación puede transformar la realidad de una manera tan determinante. Poner en pie a niños afectados por estas enfermedades implica un desafío muy exigente para cualquier equipo de investigación y debe aportar enormes satisfacciones, pero también decepciones. 

EG. Sin lugar a dudas, el motor que impulsa a nuestro equipo de investigación tanto del CSIC como de MarsiBionics es ver las sonrisas de los niños cuando caminan con el exoesqueleto y pueden realizar actividades lúdicas. Sentir y recibir el testimonio de agradecimiento de sus familias es la realimentación que necesitamos. Este es el motor que nos ayuda a superar las barreras que están desgastando al equipo y retrasando el momento en el que por fin esta tecnología llegue a las familias. Es frustrante la lucha en el día a día con agentes que dificultan que un proyecto tan importante se haga realidad.

F.S. Entre sus nuevos proyectos se incluyen también algunos que pueden ayudar a adultos con movilidad reducida. ¿En qué consisten? 

E.G. Además del exoesqueleto pediátrico ATLAS, en MarsiBionics hemos desarrollado un exoesqueleto más sencillo, MAK, destinado a asistir a la rodilla, aportando la movilidad y la fuerza que la persona necesita para poder caminar. Está indicado en adultos que necesitan un proceso de rehabilitación en esta articulación. Por ejemplo tras un operatorio de rodilla, o en la rehabilitación tras un ictus. Adicionalmente estamos trabajando en un prototipo de exoesqueleto completo, como ATLAS, pero en talla de adulto, pero este dispositivo está aún en una etapa de investigación y desarrollo. 

F.S. Las posibilidades de la robótica en este campo parecen casi infinitas. ¿Cuáles cree que serán las próximas metas? 

E.G. Es una tecnología que se encuentra en un estado incipiente, pero que ya cubre una gran necesidad y por eso debemos llevarla a mercado cuanto antes. Pero existen numerosos avances científico-técnicos en los que estamos trabajando. Algunos ejemplos son reducir el volumen de los dispositivos, para llegar a hacerlos imperceptibles. Mejorar la adaptabilidad de los dispositivos a las personas que los llevan, para que ni siquiera noten que lo llevan puesto y que lo gobiernen con su intención sin tener que pensar en ello, de forma intuitiva. Ampliar el rango de dolencias, enfermedades o desórdenes para los que esta tecnología puede aportar ayuda terapéutica. Incorporarlo en sus actividades en uso particular, en casa y fuera de ella. Para lograr estos avances se necesita una inversión en investigación científica y tecnológica fuerte, como lo están haciendo países vecinos como Francia. 

F.S Usted ha declarado recientemente que «la mujer humaniza la ciencia». ¿Qué debe cambiar para que la ciencia y la sociedad se beneficien más intensamente de la participación de las mujeres? 

E.G. En mi opinión es una cuestión de cultura social que debe trabajarse en todos los niveles, desde la educación infantil hasta la responsabilidad social y la gestión de los recursos humanos de las empresas e instituciones de nuestro país. La educación en todas sus etapas juega un papel decisorio, es necesario eliminar los mensajes que constantemente llegan a los niños y las niñas repartiendo roles en función del género. Juguetes, libros, proyectos educativos, ejemplos, deberían redefinirse en estos términos. La educación secundaria también juega otro papel relevante, pues en la adolescencia las niñas acusan una etapa de autocrítica que las hace muy vulnerables a estos sesgos, y coincide con el momento en el que deben elegir hacia qué profesión van a dirigirse sus estudios. Las carreras científicas son las que incorporan las asignaturas más retantes, y por tanto, apoyar a las adolescentes para reforzar su autoestima en estas etapas es crucial para su posterior inmersión en la ciencia. En las etapas profesionales, también es importante establecer políticas que favorezcan la participación de las mujeres en puestos de responsabilidad. Todo esto es importante porque las mujeres tenemos la cualidad humana de volcarnos en resolver problemas sociales, aportando conocimiento y esfuerzoincluso en detrimento del beneficio propio, y esta cualidad es un motor muy potente para la innovación. La constitución de equipos con un buen equilibrio de género es muy beneficioso para el avance científico, ya que ambos géneros se complementan perfectamente en lo que cada uno aporta al método y al resultado. Un equipo mal equilibrado resulta por tanto debilitado.