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CEBAS y la UMU, a la busca de variedades tradicionales de tomate tolerantes a la salinidad, con mejor sabor y calidad

Fuente: Europapress

Investigadores de la Universidad de Murcia (UMU) y del Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CEBAS-CSIC), van a evaluar la capacidad de cultivo en salinidad de una colección de variedades tradicionales de tomate manteniendo la productividad. El fin último es lograr un cultivo tolerante a la salinidad capaz de un buen rendimiento de fruto y con más calidad nutricional, mejor sabor y mejor aroma.

Se trata de uno de los 80 proyectos que acaban de arrancar financiados por la Comunidad Autónoma de Murcia a través de la Fundación Séneca-Agencia Regional de Ciencia y Tecnología con cargo a su programa de ayudas a proyectos para el desarrollo de la investigación científica y técnica por grupos competitivos (Plan de Actuación 2019). Este proyecto de investigación es el resultado de la colaboración de tres investigadores expertos en áreas complementarias y necesarias para llevar a cabo con éxito los objetivos propuestos.

Así, el grupo está integrado por el catedrático de Botánica de la UMU, Prof. José María Egea Fernández, que ha sido el máximo responsable de la identificación y registro de todas las variedades tradicionales de tomate que se van a estudiar; la profesora de investigación del CEBAS-CSIC, Maria del Carmen Bolarín Jiménez, experta en mecanismos de tolerancia a la salinidad en tomate; y el Dr. Francisco Borja Flores Pardo, científico titular del CEBAS-CSIC, experto en maduración, calidad y postcosecha de frutos.

En declaraciones a Europa Press, el Dr. Flores ha explicado que el tomate es la séptima especie cultivada más importante del mundo, España ocupa el octavo lugar en cuanto a producción mundial y la Región de Murcia es la tercera comunidad productora tras Andalucía y Extremadura. El tomate es uno de los productos de mayor consumo per cápita, lo que lo convierte en la especie hortícola que suplementa la mayor cantidad de metabolitos de alto valor nutritivo a la dieta humana. No obstante, su producción acarrea una serie de problemas que los investigadores pretenden abordar en este proyecto.

Por un lado, el tomate es sensible a la salinidad, lo que afecta negativamente al rendimiento y, por otro, los consumidores exigen desde hace años una mayor calidad, tanto sensorial (sabor y aroma) como nutricional (componentes beneficiosos para la salud como antioxidantes).*El problema, según Flores, es "alcanzar un balance óptimo entre la producción y la calidad de fruto en cultivo en condiciones de salinidad". Y es que tanto el cambio climático como la presión demográfica son retos que la agricultura, incluido el cultivo del tomate, debe enfrentar hoy día.

El cambio climático es responsable de un aumento de temperatura de la superficie terrestre por efecto del aumento de la emisión de gases de efecto invernadero, que conlleva una alta tasa de evaporación del agua del planeta. Esto provoca la reducción drástica de los recursos hídricos y la concentración de sales en el suelo.

Además, la creciente presión demográfica exige al sector agrícola incrementar aún más la producción para responder a la demanda de alimentos. A ello se une que la amplitud de la urbanización obliga al sector agrícola a poner en cultivo tierras con suelos de baja calidad y alta concentración en sales. Asimismo, aunque la agricultura es el sector socio-económico que más agua consume se tiene que conformar con la de peor calidad, con alto contenido en sales, porque el sector servicios, el consumo humano y la industria retienen la de mejor calidad.

En resumen, el sector agrícola se ve obligado a aumentar la producción pero en condiciones de cultivo adversas, en suelos salinos y con aguas con alto contenido en sales, por lo que la generación de variedades de especies de interés agronómico capaces de desarrollarse en condiciones de salinidad manteniendo o incluso aumentando la productividad para hacer frente a la demanda alimentaria, rindiendo un producto de alta calidad como exigen los consumidores, es hoy en día un objetivo prioritario.

NUEVAS VARIEDADES

Uno de los principales problemas de la mejora en tomate es la erosión genética del germoplasma, según Flores. En concreto, aclara que el germoplasma es el repositorio o 'almacén' genético disponible para generar nuevas variedades de mayor productividad y calidad en programas de mejora.

Sin embargo, la riqueza genética de dicho germoplasma se ha reducido mucho debido al "abuso" de un número cada vez más reducido de variedades comerciales e híbridos muy uniformes en determinados caracteres como color y tamaño de fruto. Además, hasta muy recientemente la mejora se ha enfocado en lograr un alto rendimiento en condiciones ambientales muy controladas.

"El repositorio genético al que pueden recurrir los mejoradores es cada vez más reducido, por lo que hay que buscar nuevas fuentes de diversidad genética", según Flores, quien destaca que una de esas fuentes la constituye, precisamente, las variedades tradicionales, en gran medida inexploradas en lo que respecta a su calidad de fruto y capacidad de cultivo en condiciones medioambientales adversas.

Las variedades tradicionales son el resultado de siglos de mejora tradicional por pequeños agricultores en sus áreas específicas de cultivo, con unas características edafológicas y climáticas particulares, resultando unas variedades adaptadas a esos microambientes, en ocasiones muy alejadas de las condiciones óptimas. Han permanecido aisladas y apartadas del circuito comercial, conservando su acervo genético, y ofrecen una gran oportunidad para los programas de mejora.

Evaluaciones preliminares han identificado variedades adaptadas a la escasez de agua, al alto contenido de sales en el suelo o aguas de riego y al cultivo en altas o bajas temperaturas. Además, poseen características de calidad de fruto que pueden ser potencialmente muy atractivas, en términos de contenido en fitonutrientes, forma y color singulares, y finalmente sabor y aroma peculiares. Así, el objetivo de la investigación es poner en valor el potencial de las variedades tradicionales para su cultivo en condiciones de salinidad que se espera sea el escenario dominante en un futuro próximo en el Levante español, consiguiendo un balance óptimo entre producción y calidad.

Para ello, los investigadores del CEBAS y la UMU usarán una colección de variedades tradicionales de tomate del sureste español, tanto de la Región de Murcia como de sus alrededores, recolectadas por la Red de Agroecología y Ecodesarrollo de la Región de Murcia (RAERM), que se encuentran conservadas y registradas en el Banco de Semillas de la Sección de Experimentación Agroforestal (SEAF) de la UMU.

El proyecto se extenderá 3 años y se divide en dos fases. Primero, a partir de las 30 variedades más prometedoras se seleccionarán aquellas que alcancen un balance óptimo producción - calidad del fruto en condiciones salinas. En una segunda fase, se identificarán "los procesos responsables de que estas variedades ofrezcan características tan positivas", donde se cuenta con la colaboración de investigadores extranjeros, como el Prof. Eduardo Purgatto de la Universidad de Sao Paulo (Brasil), experto en análisis de metabolitos en fruto y la regulación hormonal de la maduración, y el Prof. Mondher Bouzayen, del Instituto Nacional Politécnico de Toulouse (Francia), experto en la regulación molecular y genética del desarrollo y maduración de tomate.