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La primera globalización llegó en la Edad Moderna de la mano de los oficiales navales

Pablo Ortega, Doctor en Historia e investigador posdoctoral de la Fundación Séneca, se incorporó al Instituto de Ciencias Sociales de Lisboa para desarrollar un proyecto de investigación sobre la primera globalización a través de los oficiales navales de España y Portugal entre 1700-1820. El fenómeno del mundo globalizado es un proceso que la gran mayoría de la sociedad considera de reciente aparición, sin embargo, este proceso comenzó hace cinco siglos.

 

F.S. Explíquenos por favor cómo surgió este proceso.

P. O. Aunque algunos autores señalan que el mundo ha estado conectado desde antes de la modernidad, es indudable que desde la Edad Moderna (siglos XVI-XVIII) comienza un proceso lento y complejo de interacción entre diversas y lejanas partes del globo. Algunos autores han llamado a esto “primera globalización” o “globalización temprana”. Las acciones portuguesas y españolas fueron el punto de arranque (descubrimiento de América, primera vuelta al mundo de Magallanes y Elcano) y, conforme avanzan los siglos, estos lazos aumentaron en número e intensidad hasta poder hablar de una auténtica interdependencia a nivel planetario (sobre todo segunda mitad del siglo XVIII en adelante) en aspectos económicos, políticos, culturales, científicos, religiosos…

F.S. ¿Por qué se centra su investigación en los oficiales navales españoles y portugueses y por qué eligió este periodo?

P.O. Sin lugar a dudas, los oficiales navales constituyen un objeto de enorme interés para poder estudiar esta primera globalización desde un enfoque nuevo y sugerente. Ellos estuvieron en una intersección única de redes políticas, económicas, científicas, culturales y sociales. Fueron los encargados de proteger y defender los respectivos imperios, pero esto no solo implicaba las batallas navales en grandes barcos de guerra, sino misiones de reconocimiento, expediciones de investigación, acciones de espionaje dentro y fuera de los territorios soberanos (España tenía posesiones desde Filipinas hasta Perú, y Portugal desde Macao hasta Brasil). Los oficiales navales se convirtieron en los ojos del rey alrededor del mundo; ellos no solo remitían informes de muy diverso tipo sobre qué estaba ocurriendo en todo el mundo, sino que también eran una parte activa de ese proceso de interdependencia global. Además, el siglo XVIII, y muy especialmente la segunda mitad de la centuria, es un periodo clave para esta “primera globalización”, puesto que los procesos de interconexión e interdependencia se agudizan e intensifican. Póngase como ejemplo ilustrativa que la Guerra de los Siete Años (1756-1763) es considerada por muchos la primera guerra global (hubo frentes en Europa, Atlántico norte y sur, el Pacífico e India)

F.S. El periodo de su estudio coincide con la expansión del poder naval del Reino Unido. ¿La estrategia de España, Portugal y del Reino Unido era similar para alcanzar sus objetivos de dominio?

P.O. Reino Unido experimentará un auge espectacular durante el siglo XVIII y se convierte en uno de los principales actores de esta primera globalización. Su estrategia era expansiva en lo económico (ampliación de mercados, aumento de las rutas comerciales, proteccionismo sobre sus productos, eliminación de la competencia) y ofensiva en lo militar. España, en cambio, que era poseedora del mayor imperio territorial conocido hasta el momento, tenía otras prioridades. Su estrategia económica era reestructurar el comercio colonial americano y filipino para hacerlo más competitivo y ágil, mientras que su estrategia defensiva fue esencialmente defensiva (precisamente contra los ingleses). Finalmente, la situación portuguesa era singular. Desde 1703 estuvieron protegidos militarmente por los ingleses, sus tradicionales aliados, y se centraron en mejorar sus rutas comerciales, que desde el siglo XVII habían experimentado un declinar (a excepción de Brasil). No obstante, a finales de siglo Portugal es consciente que no puede seguir siendo tan dependiente de Reino Unido y emprende una profunda reforma de su Marina para hacerla verdaderamente operativa. En cualquier caso, cada una de estas potencias marítimas participó e influyó decisivamente en esa construcción global.

F.S.¿Llevaban las expediciones comerciantes, científicos, embajadores… para llevar a buen término sus objetivos o sin embargo las tareas eran desempeñadas por los oficiales?

P.O.Las expediciones que estaban a cargo de la Marina eran realizadas esencialmente por los oficiales. No obstante, hubo muchos tipos de expediciones a lo largo del siglo. Las más famosas son las científicas, en donde se incluían científicos de ramas muy diversas. Pero la mayoría de las veces eran misiones que tenían como objetivo recolectar información de muy diverso tipo de manera muy discreta, por lo que el protagonismo fue de los oficiales. Póngase como ejemplo el interés que tuvo la Monarquía en conocer cuál era el estado del océano Índico (la única gran región donde España no tenía posesiones) durante la segunda mitad del XVIII. Por esa razón los oficiales fueron destinados a misiones de reconocimiento en este océano y se les encargaba indagar las mejores rutas, cuáles eran las posiciones de las demás potencias, los principales recursos materiales, la potencialidad del mercado indio, el número de barcos que circulaban y su tonelaje… También hubo una relación muy estrecha con los comerciantes. Por ejemplo, fue la Armada quien hizo por primera vez la ruta Cádiz-Manila pasando por el Cabo de Buena Esperanza en 1765.

F.S. ¿El intercambio de información, cultura, contratos…, estaba bien organizado? ¿Quién detentaba la jerarquía superior que ideaba los planes y proyectos a desarrollar y ante quien debían rendir cuentas los oficiales navales a su regreso?

P.O. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, la calidad y cantidad de lazos e interconexiones que rodeaban el globo era tal que cualquier cosa que ocurriera en una parte del mundo podía repercutir con relativa rapidez en el resto del mundo. Las redes económicas (comerciales, productivas, financieras) eran mucho más complejas de lo que nos podríamos imaginar; la rivalidad militar y política había llegado a tal punto que las guerras no solo se dirimían en Europa, sino en cualquier punto del Atlántico o el Pacífico. Los oficiales, que eran observadores y agentes de primer grado de todo ello, estaban bajo las órdenes del Secretario de Estado (hoy Ministro) de Marina, cartera que durante gran parte del siglo fue anexa a la de Indias (por la estrecha relación entre ambas). Se puede decir, sin lugar a dudas, que el Ministerio de Marina era un superdepartamento, en el cual convergía información de carácter verdaderamente global. Finalmente, todo ello pasaba al Rey, quien era la autoridad que tenía la última palabra.