Región de Murcia
Fundación Séneca
FSE

Nace en La Algaida (Archena) en 1998. En 2020 obtiene el título de graduada en Educación Infantil por la Universidad de Murcia con Premio Extraordinario Fin de Grado. En el año 2020 disfruta de una Beca de Colaboración del Ministerio de Educación y Formación Profesional en el departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. A continuación, cursa el Máster de Investigación e Innovación en Educación Infantil y Primaria, obteniendo el título en el año 2021. Durante los años 2020 y 2022, obtiene las ayudas de Iniciación a la Investigación de las modalidades A y B, respectivamente, de la Universidad de Murcia integrándose en el grupo de investigación E038-02, bajo la tutorización de la Dra. Carmen González Salinas. En el 2022 consigue una ayuda de la Fundación Séneca para realizar su tesis doctoral en la Universidad de Murcia. En el año 2025 obtiene una Beca Fulbright-Fundación Séneca para realizar una estancia investigadora predoctoral, estructurada en dos periodos: uno en Washington State University (Pullman, Washington) y otro en Baylor University (Waco, Texas). Paralelamente, está asociada al proyecto “Emergencia y curso evolutivo de la ansiedad matemática en estudiantes de Educación Primaria: un modelo integrador de factores individuales y ambientales”, financiado por la Agencia Estatal de Investigación. Ha realizado tres estancias externas: Europäische Schule München (año 2021), School of Psychology de la University College of Dublin (año 2024) y Dipartimento di Psicologia dello Sviluppo e della Socializzazione de la Università degli studi di Padova (año 2025). Posee comunicaciones en congresos internacionales y nacionales. Domina la lengua inglesa y tiene conocimientos de la lengua francesa, italiana y alemana.


Resumen del proyecto de investigación

Mi tesis doctoral estudia la relación entre la ansiedad matemática y el rendimiento en matemáticas en alumando de Educación Primaria. Mi proyecto Fulbright se centra en profundizar en uno de los factores individuales que pueden contribuir al desarrollo de esa ansiedad: el temperamento, entendido como las diferencias individuales en reactividad y autorregulación con las que nacemos. Cabe destacar que este trabajo se enmarca en el Proyecto ANSIEMAT, liderado por mi directora de tesis, la Dra. Carmen González Salinas, desde la Universidad de Murcia, del que forman parte también investigadores de ambas universidades de destino. La estancia se divide en dos periodos. El primero, en Washington State University con el Dr. Brian French, está siendo principalmente una etapa de formación metodológica: asistir como oyente a clases de psicometría, análisis de datos y validación de instrumentos, aprender nuevos marcos teóricos, trabajar con modelos de ecuaciones estructurales y adentrarme en R o MPlus, entre otras actividades. Paralelamente, el Dr. French me está guiando en el análisis de datos de mi propia tesis, que requiere aplicar una estructura multinivel con mediación, y estamos revisando juntos los resultados obtenidos. El segundo periodo, a partir de junio en Baylor University con la Dra. Maria Gartstein, tiene previsto ser donde confluya todo lo aprendido. Por un lado, trabajar conjuntamente en el análisis de los datos de un estudio que realizamos con el alumnado de primaria de la Región de Murcia en el marco del Proyecto ANSIEMAT. Por otro, profundizar en cómo se entiende y se estudia el temperamento desde el laboratorio de la Dra. Gartstein, incluyendo las tareas de laboratorio y el EEG que utiliza en su investigación sobre los precursores tempranos de la ansiedad, financiada por el NIMH.

Centro de destino/organismo

Washington State University y Baylor University

Área de conocimiento

Centro 1: Metodología de investigación en Psicología de la Educación; centro 2: Psicología del Desarrollo

Dinos por qué elegistes este centro

Cuando preparé la solicitud, tanto el Dr. Brian French como la Dra. Maria Gartstein trabajaban en Washington State University y los dos colaboraban ya en el Proyecto ANSIEMAT junto a mi directora de tesis, la Dra. Carmen González Salinas, y la Dra. María Dolores Hidalgo Montesinos. Ir allí era una forma de trabajar de manera más directa con ellos, ser un nexo más fuerte entre los equipos y aprender de lo que cada uno hace en su propio contexto. Además, la conexión con ambos tiene historia (¡y es mucha casualidad!). La Dra. González Salinas y la Dra. Gartstein se conocieron precisamente a través del estudio del temperamento, trabajando con la profesora Rothbart, y desde entonces han mantenido la colaboración. El Dr. French realizó un año sabático en la Universidad de Murcia, donde empezó a trabajar más estrechamente con la Dra. Hidalgo Montesinos, y de ahí viene su vínculo con el equipo. En este sentido, dado que mi directora conocía bien a ambos y sabía que, más allá de la colaboración científica, son personas muy comprometidas con la formación de los investigadores con quienes trabajan, me recomendó trabajar con ellos y eso pesó mucho en la decisión.

Por otro lado, tengo que reconocer que coincidieran en estar en una misma universidad en ese momento era difícil de desaprovechar pese a que Pullman no resultase el lugar más atractivo para ir de EEUU, porque sería tener la oportunidad de trabajar con dos equipos de investigación muy diferentes, traduciéndose esto en reforzar un perfil más multidisciplinar, aspecto que valoro mucho.

Cuando me concedieron la beca, la Dra. Gartstein nos comentó que se trasladaría a Baylor University, así que el plan se adaptó y la estancia pasó a dividirse en dos periodos. Pero el por qué seguía siendo el mismo.

¿Qué caracteriza el centro en el ámbito internacional?

Washington State University tiene un programa de Psicología Clínica situado entre los cien mejores de Estados Unidos y un Departamento de Psicología Educativa con una larga trayectoria en investigación sobre medición y aprendizaje. El Dr. Brian F. French, que dirige allí el Learning and Performance Research Center, lleva años colaborando en estudios transculturales sobre temperamento promovidos por la Dra. Maria A. Gartstein con equipos de más de una docena de países.

Lo que no se puede saber hasta que se llega es otra cosa. La cercanía que existe dentro del departamento y en la propia universidad, el compromiso real con que entiendas qué estás haciendo y por qué lo estás haciendo, y la ilusión por promover la lectura y la reflexión sobre aquello que se lee. Todo esto no aparece en ninguna página web. Y luego hay detalles que se descubren por el camino, como encontrarte en una clase con que Cronbach, cuyo coeficiente cualquier investigador de mi ámbito ha utilizado alguna vez, inició su carrera académica precisamente aquí.

Por otro lado, el Garstein Temperament Lab, referente internacional en el estudio del temperamento desde el marco teórico de Rothbart y con colaboraciones activas en numerosos países, inicia una nueva etapa con el traslado de la Dra. Gartstein a Baylor University, donde se desarrollará el segundo periodo de la estancia. Al mismo tiempo, el laboratorio mantiene una actividad científica activa en Washington State University, lo que me ha permitido comenzar a colaborar directamente con el equipo ya desde este primer periodo, en coordinación con la supervisión del Dr. French. Baylor cuenta, además, con un Departamento de Psicología y Neurociencia consolidado y con un compromiso con el programa Fulbright que me sorprendió al buscar información, no solo como oportunidad académica, sino como expresión de una filosofía institucional basada en el intercambio cultural.

¿Qué te llevó a solicitar una beca Fulbright?

Fue en 2022, justo cuando iba a entrar a hacerme el reconocimiento médico para la segunda ayuda de iniciación a la investigación, cuando recibí un correo de la Universidad de Murcia difundiendo la convocatoria. Mi inglés era intermedio bajo y tampoco pensaba que fuese lo suficientemente buena. Pero nunca la descarté. Siguió rondándome la cabeza, porque la descripción que se hacía de la misma en la convocatoria encajaba muy bien con lo que había ido viviendo a lo largo de mi vida: el sueño de EEUU desde pequeña, ver de cerca lo que significa que alguien investigue para que otra persona pueda seguir viviendo y querer contribuir desde mi campo a sembrar esa esperanza, el trabajo en New Hampshire al que no pude llegar porque el COVID impedía conseguir la visa, los programas en los que había participado como au pair, las estancias en Europa apostando siempre por el intercambio en todos sus niveles... Todo eso no era casualidad, era una forma de vivir. Y cuando leí lo que la Fulbright buscaba de verdad, qué perfil quería, sencillamente me reconocí. Puedo asegurar que antes de que fuese una posibilidad real, ya me había enganchado al programa de otra manera. Leía blogs de becarios, historias de personas que lo habían vivido, los objetivos del programa, las convocatorias. Había algo en todo eso que me generaba una admiración genuina, no solo por lo académico sino por el tipo de personas que lo formaban y por lo que representaba. No era solo un reconocimiento académico, era algo que iba mucho más allá de su propio eslogan. Siempre lo sentí así. Por eso cuando me quedé con el contrato predoctoral de la Fundación Séneca, una de las razones fue precisamente esa: era el único que me permitía paralizarlo si algún día conseguía la beca. Estaba en mi planificación desde el principio. No como algo seguro, sino como algo que quería que fuese parte de mi historia de cómo acabé visitando EEUU. Y lo fue, esta vez con la propia Fulbright acompañándome en todo el proceso burocrático, incluida la visa (¡no como aquella que nunca pude conseguir!).

¿Qué tal es la experiencia, tanto desde un punto de vista científico como personal?

Llevando apenas tres meses aquí, puedo decir que está siendo increíble en todos los niveles. Haber podido asistir como oyente a clases directamente ligadas a lo que vine a aprender me ha permitido avanzar de una forma mucho más estructurada de lo que esperaba, y con el Dr. French estoy trabajando en los análisis de mi propia tesis, aprendiendo a manejar herramientas que no dominaba y conociendo de primera mano el programa WARNS, una herramienta diseñada para que los centros educativos puedan identificar de forma proactiva factores de riesgo de absentismo y fracaso escolar en adolescentes, y que estoy viendo evolucionar desde dentro, trabajando con el equipo y observando cómo responden a los problemas que van surgiendo.

Además, justo antes de llegar, la Dra. Gartstein ya me abrió la puerta a formar parte de su equipo, aunque algunas actividades coinciden todavía con las clases y tendré que esperar a que terminen para implicarme de lleno. Mientras tanto, como el laboratorio sigue activo aquí en WSU, ya he tenido la oportunidad de colaborar en algunas evaluaciones con bebés, y tengo que reconocer que es algo que no ha dejado de emocionarme. Estudié para ser maestra de Educación Infantil e hice el Grado Superior precisamente porque quería especializarme más en las primeras etapas, así que estar aquí tiene una coherencia que no es casual. Una de las reflexiones a las que llegué cuando empecé a conocer los distintos protocolos fue cuando actué como extraña y pude ver de cerca las reacciones de los bebés: cómo algunos se aproximaban a su madre, cómo otros te miraban con indiferencia, cómo a otros les asustabas o simplemente querían acercarse. Hay algo muy innato en esa forma de relacionarse que es difícil no llevarte a casa.

A nivel personal, la experiencia está siendo igual de intensa. Viajes, cultura, series y películas que de repente cobran otro sentido cuando estás aquí. Cosas que antes pasaban desapercibidas, como tirar de una cuerda para parar el autobús, descubrir tiendas como Grocery Outlet o entender por qué mucha gente conduce coches gigantes. El inglés americano también sorprende, con expresiones que no aparecían en los libros de texto porque siempre estudiamos el británico, salvo algún apartado concreto donde te señalaban diferencias puntuales. He podido compartir todo esto con otras personas de España de distintos campos gracias al programa Fulbright y sus jornadas de orientación, conocer otras formas de relacionarse y de hacer planes, y reencontrarme en persona con amigas canadienses que conocí online hace años y ya consideraba amigas por la relación que habíamos creado. Y luego está ese detalle pequeño pero constante de que cualquier persona, te conozca o no, te pregunta how are you, how is it going, con una naturalidad que al principio te descoloca y luego acabas echando de menos si un día nadie te hace esa pregunta "tan aleatoria" con una respuesta predeterminada.

Una vez terminada su Beca Fulbright, indique cinco aspectos por los que recomendaría vivir esta experiencia a los doctorandos

¿Solo cinco? Antes de llegar aquí ya sabía que iba a ser difícil quedarse en cinco. Lo supe leyendo la convocatoria, leyendo historias de otros becarios, escuchando a personas que habían vivido esto antes. Hay algo en el programa que va mucho más allá de la beca en sí. Pero si tengo que elegir cinco, elegiría estas.

La primera es entender cómo funciona el sistema desde dentro. No solo hacer investigación, sino ver cómo se organiza una universidad americana, cómo se conecta la investigación con aplicaciones reales, cómo se estructuran los equipos. Eso no lo ves igual desde fuera ni en estancias más cortas y ya me lo decía mi directora de tesis cuando realizábamos la solicitud.

La segunda es la formación, pero no tanto por lo que aprendes de nuevo, sino por cómo lo aprendes y por cómo está pensado el sistema que lo hace posible. Ver cómo funcionan los programas de doctorado aquí, con formación específica obligatoria que realmente complementa la investigación, te hace pensar en lo que podría mejorarse en casa. O cómo a nivel de grado el sistema es mucho más flexible, dando margen a que cada estudiante construya su propio recorrido. O la cantidad de oportunidades que se ofrecen, con summer internships y una preocupación real por desarrollar competencias que van más allá de lo académico. Todo eso te cambia la forma de mirar tu propio contexto.

La tercera es la comunidad Fulbright. Yo ya había vivido en varios países, había compartido espacios con personas de culturas muy distintas y sido parte de otra comunidad que fomenta el intercambio cultural como es ser au pair. Pero esto es diferente. El programa te empuja a cruzarte con perfiles que no tienen nada que ver contigo y de ahí salen cosas que no habrías buscado. En mi caso, acabar en una hackathon con otro Fulbright que conocí en las jornadas en España, sin ser del mismo campo, con gente que al principio no quería que formásemos equipo por eso, y ganar. Eso te inspira a querer trabajar con personas que parten de una formación y una forma de ver el mundo completamente distinta a la tuya, porque cosas que creías muy difíciles de desarrollar a lo mejor no lo son tanto cuando juntas perspectivas que nunca habrían coincidido de otra manera. En nuestro caso, fueron la psicología y la informática.

La cuarta es el intercambio cultural, pero de verdad y en los dos sentidos. No solo ir a otro país y aprender cómo hacen las cosas, sino también poder contarles a ellos cómo las hacemos nosotros, de dónde venimos, qué investigamos, cómo es el lugar del que venimos. Y en ese ejercicio de comparar, también aprendes a valorar cosas de casa que antes dabas por sentadas. Porque no todo es mejor aquí. El ambiente investigador americano es muy potente, pero también muy competitivo, y aunque no lo he vivido en primera persona, sí he visto cómo esa presión puede hacer que pierdas de vista por qué empezaste. Verlo te ayuda a entender qué hay detrás de tantas investigaciones que leemos continuamente.

Y la quinta es más difícil de explicar. Llevo mucho tiempo persiguiendo esto, desde mucho antes de saber que se llamaba Fulbright. Y estar aquí, en una ciudad pequeña y algo aislada, lejos de todo lo conocido, me ha hecho darme cuenta de que da igual dónde estés cuando lo que sientes es pasión por lo que haces y por lo que quieres seguir aprendiendo. Eso no depende del lugar. Depende de ti. Pero también depende de algo que la Fulbright busca desde el principio: no solo un expediente académico, sino una forma de estar en el mundo. Cuando miro hacia atrás, el voluntariado, los proyectos europeos, el ser representante estudiantil, el haber apostado siempre por el intercambio como forma de entender a los demás, todo eso no era un mérito que acumular en un CV. Era simplemente cómo vivía. Y la Fulbright, de alguna manera, reconoce exactamente eso. Cuando llegas aquí y conoces a otras personas del programa, te das cuenta de que comparten esa misma visión, esa preocupación por su papel en la sociedad, esa creencia de que conocernos y entendernos es la mejor forma de construir algo juntos. Y eso, para mí, es lo mejor de todo y hoy te diría lo mismo que mi hermana pequeña me dijo durante todo el proceso: "Solo necesitas una", así que a intentar conseguir una.

Explique qué ha supuesto en su vida, tanto desde el punto de vista investigador como experiencia personal su estancia en EEUU

Es difícil separar las dos cosas, porque al final una ha alimentado a la otra constantemente. Voy a intentar resumirlo.

A nivel investigador, esta estancia está suponiendo un antes y un después en cómo me relaciono con mi propio trabajo. No solo por las herramientas que estoy aprendiendo o por trabajar con personas que llevan años construyendo lo que yo apenas estoy empezando a entender, sino por ver el proceso completo de otra manera. Hay una forma de pensar la investigación aquí que te obliga a preguntarte cosas que antes dabas por resueltas. Y eso, aunque a veces incomoda, es exactamente lo que necesitaba. A eso se suma algo que no esperaba avanzar tan rápido: la fluidez en inglés a nivel académico, leer artículos, escribir emails, comunicarme en el día a día de la investigación. Algo que siempre me había costado y que aquí, por necesidad y por inmersión, está cambiando.

A nivel personal, mi vínculo con Estados Unidos viene de antes de todo esto. Cuando era estudiante de grado y mi padre se murió de leucemia, ya sabíamos que aquí había tratamientos experimentales que podían haber sido una oportunidad. Recuerdo en el hospital cuando hablamos de hacer un crowdfunding, de buscar la manera de que pudiese participar en otros ensayos. No pudimos llegar a intentarlo. Pero algo de aquella esperanza se quedó conmigo, y desde entonces quise ser parte de eso, contribuir desde lo que yo estudiaba. Porque la investigación en educación y en psicología también busca mejorar la vida de las personas: entender por qué algunos niños se quedan atrás, cómo prevenir el fracaso escolar, qué hace que alguien pueda vivir con más bienestar. Y EEUU, con el nivel de investigación que lidera tanto en cantidad como en calidad, era precisamente ese referente. Por otro lado, puedo asegurar que EEUU llevaba años apareciendo en mi camino sin que pudiera llegar. Primero fue un trabajo como maestra en una escuela Montessori en New Hampshire al que el COVID me impidió llegar sin conseguir la visa. Luego muchas entrevistas con familias para venir de au pair que al final no fueron porque decidí volver a España y hacer el doctorado. Luego, como describía anteriormente, en mi caso, fui tomando decisiones con esa esperanza en el horizonte de que algún día la Fulbright pudiera ser una realidad y mi motivo para venir a EEUU. Tres años después, lo ha sido.

Y estar aquí ha supuesto precisamente eso: ver que tenía sentido cada una de esas decisiones. Para mí adaptarme ha sido fácil, y de hecho vivir en una ciudad pequeña y algo aislada, la primera vez que salía de Europa, con unas distancias que no tienen nada que ver con lo que conocía, me ha hecho valorar mucho más dónde estoy. Seattle es la ciudad más cercana y son aproximadamente cinco horas en coche, once en autobús con horarios muy limitados, o una hora en avión que a veces cuesta tanto que prefieres guardar ese dinero para visitar directamente otro estado. Sin coche, Pullman es una burbuja. Pero para el momento vital en el que estás, haciendo una tesis, esa burbuja resulta casi un regalo. Te obliga a conectar contigo misma, a leer, a pensar, a dedicarte a cosas que en otros contextos siempre quedan para después. Y lo que encuentras aquí, la comunidad, las personas, el poder por fin estar en el lugar al que llevabas años queriendo llegar, llena de una manera que es difícil de explicar hasta que lo vives.

Aviso legalPolítica de privacidad